10 de febrero de 2016

Nunca nos enseñan

Nunca nos enseñan a darnos por vencidos, a decir basta, a quemar las naves. 
Nunca nos enseñan a aceptar el fracaso, a que no siempre sirve con esforzarse, que a veces simplemente no se puede, no se debe dar más y hace falta darse por vencida. 
Nadie nos enseña a manejar la frustración, a darnos cuenta de cuando no merece la pena esforzarse más, a soltar lastre, a que a veces hace falta cerrar la puerta sin buscar ventanas, salir corriendo, quemar los mapas y olvidar el camino de vuelta. 
Nunca aprendemos a decidir ya no merece la pena, he hecho todo lo posible o quizás no lo posible si no lo que puedo. Que a veces hace falta decir, esto ya no me aporta, su tiempo ya pasó  no puedo seguir con ello.  
Nadie nos enseña nunca a decir hasta aquí. Solo a ser fuertes, a intentarlo hasta la extenuación a que si te sfuerzas lo conseguirás. 
Y nunca a decir,  
hoy he llegado al límite, 

 NO merece la pena.

 

13 de noviembre de 2014

De viaje



Supongo que los que viajamos tenemos por una lado esa sensación en el estómago de todo lo que está por llegar, pero también ese miedo siempre de dar el primer paso , no suele ser por el viaje en si, si no más bien por que tenemos miedo de estirar tanto nuestras anclas que al final se rompan y no haya razones para volver. O de ir dejando amigos y gente importante en nuestra vida por rincones tan alejados del mundo que no seamos capaces de seguir viviendo sin echar de menos a personas que siempre están a más de 5.000 km las unas de las otras, ese es para mi el síndrome del viajero.

El sindrome de dejar atrás. Vamos a reconocerlo, a todos nos cuesta dejar atrás cosas, pero quizás a las personas de alma errante lo que nos da miedo no es tanto seguir andando, estamos acostumbrados recordar el abrazo de un amigo contreto en un momento concreto, o a pensar "¡jo como le gustaría este paisaje a...!" o "esta ciudad me recuerda tanto a...". Pero lo cierto es que lo que lo que mas miedo me da es pensar que tal vez llegue un momento en que no pueda volver atrás, en que mire el mundo y "casa" sea un milln de sitios y que quizás uno de estos dias día no sepa volver, por que haya perdido el ancla, y nada me ate más a un lugar que a otro.

"El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día".

26 de mayo de 2014

Mayo

Mayo ha venido a romperme el alma a trozos.
Quizás porque en el hemisferio sur ya es otoño y mi corazón sigue enclavado en otras latitudes.

 Quizás por que la maldita primavera me ha robado las esquinas dejándome solo pequeños pedazos inconexos de fuerzas.
A veces me olvido de ser pájaro y de que nunca supe vivir con con las alas cerradas, a veces solo cierro los ojos para poder volar.
A veces se me olvida que mayo siempre viene a robarme primaveras y a dejarme con inviernos en el pecho, que enfrían y cansan y enfrían más que volver a casa una noche de fiesta y pensar ¿que coño estoy haciendo? y ¿algo tiene sentido?
Y es que nunca supe buscar en corazones ajenos los pedazos que iba arrancando del mío, ni encontrar en otras camas  consuelo para tantos desaguisados. Que si hay que joder, ¡jodamos!, pero  no me queda tanto amor propio para como compartir el ajeno, ni tantas sonrisas fingidas para sonreírte otra vez.
Que a veces simplemente el gris me ahoga y  tengo que esconderme en el yo misma para encontar un hueco donde sobrevivir.



24 de noviembre de 2013

Historias

Aquella ciudad tenía miles de historias,
todas tan nimias
tan importantes.

8 de octubre de 2013

Con los pies descalzos

Para empezar andar sólo le sobraban los zapatos.

Decía que caminar descalza por las aceras le mantenía los pies en el suelo y la cabeza en las nubes.

Con la mirada tan lejos, tan arriba, tan pérdida que a veces sólo algunas palabras (sonido adecuado, tono adecuado, voz adecuada) devolvían sus ojos a la tierra. 

Nunca llevaba zapatos para tener el ancla a tierra, para que la suavidad del césped, o la arena caliente entre los dedos, o la dureza del asfalto contra sus duras planta, o quizás la humedad de los charcos de un día lluvioso o tan sólo la suavidad de las alfombras de esos sitios caros donde nunca quiere entrar (por que allí uno pierde la cabeza y luego nunca la vuelve a encontrar), o sólo sus dedos jugueteando con la pinocha de los falsos bosques de ciudad; cualquier cosa la hicieran volver al suelo, a la vida, a eso que pasa mientras el mundo gira y ella recorre las calles. 

Descalza. 
A veces a penas una sombra de mirada perdida en las nubes. Otras era puro fuego sin zapatos que arrastraba
                                    con sus pasos desnudos
                                                                                          todos los silencios del mundo.

1 de septiembre de 2013

Escribir, Astrónomo, Tanga

Paseo entre sus lunares,  cual astrónomo entre las estrellas recorrió una a una las pecas de su espalda recorriendo con los ojos, con los dedos, con los labios las marcas que la vida había hecho en su piel.
Y quizás no era justo, no era cierto que estaban allí uno frente  a otro, uno contra otro  enfrentados y unidos en el mismo abrazo. Y  ¡joder,  ni siquiera era correcto! Pero no había nada en el mundo mejor que escribir una noche más la línea de sus labios de sus senos, frente a la cruda realidad que luchaba por alejarlos de todo.

Todo  saltó. La ropa, el tanga, calcetines, las sabanas y la cama, el mundo entero se había olvidado entre sus brazos. Y todo ¿por qué? ¿Para qué?

29 de enero de 2013

Enero

¡Vete, Enero! Vete para no volver nunca, vete para olvidar tus manos frías en mi espalda, el ceniza de tus días grises o la oscuridad de tus noches largas.

Vete Enero, déjame crecer del  frío y de las tardes de tormenta y de la lluvia en el  cristal.  

Vete enero, y que el sol borre la escarcha de mis ojos y el miedo de mis mejillas. 

Vete para que vuelva,
                                                al fin,
                                                                            la primavera.